2 min de lectura

El marco normativo japonés en materia de etiquetado de alimentos se ha reformado en 2026 mediante recientes modificaciones de las Normas de Etiquetado de Alimentos de la Agencia de Asuntos del Consumidor (CAA), que simplifican las definiciones de los productos, perfeccionan el etiquetado colectivo y amplían los requisitos relativos a los alérgenos. Estos cambios, promulgados por la CAA y los ministerios competentes, tienen por objeto reducir la confusión de los consumidores, armonizarse con las prácticas internacionales y reforzar la confianza en el etiquetado de los alimentos. Cabe destacar que incluyen plazos de transición por fases que los fabricantes deben cumplir para seguir cumpliendo la normativa.

Simplificación del etiquetado de ingredientes

Se han simplificado o eliminado determinadas disposiciones específicas de los productos recogidas en las Normas Agrícolas Japonesas (JAS) y en las clasificaciones detalladas correspondientes, lo que permite una categorización más amplia de los productos. Los aderezos, que antes se dividían en múltiples subtipos, ahora se etiquetan simplemente como «aderezo», y se permite el uso de «aderezos sin aceite» bajo condiciones definidas. Los aceites vegetales ya no llevan nombres individuales como «aceite de soja» o «aceite de cártamo», siempre que esto no induzca a error a los consumidores y cumpla con las normas aplicables. En su lugar, se incluyen en la categoría más amplia de «aceites extraídos de semillas o pulpa de plantas». Esta simplificación reduce la complejidad al tiempo que mantiene la claridad.

Ajustes colectivos de etiquetado

Se ha suprimido la categoría genérica «Otros» para las frutas. El etiquetado colectivo está ahora más restringido y solo se permite para grupos claramente definidos (por ejemplo, los cítricos) en condiciones específicas, lo que refleja la demanda de los consumidores de una identificación más clara, al tiempo que sigue ofreciendo flexibilidad a los fabricantes. Este cambio garantiza una mayor transparencia en el etiquetado de los productos.

Normas de etiquetado de la Ley de Higiene Alimentaria

Se han eliminado varios requisitos técnicos para simplificar el cumplimiento de la normativa. Ya no es necesario indicar los métodos de esterilización ni los valores de pH en los productos cárnicos no tratados térmicamente. Tampoco es obligatorio indicar el porcentaje de sólidos lácteos en los productos lácteos. Al mismo tiempo, se ha introducido una redacción más clara dirigida al consumidor, como la expresión «calentado inmediatamente antes de la congelación» en el caso de los alimentos congelados. Estas modificaciones reducen los detalles innecesarios y garantizan que los consumidores reciban información relevante.

Ampliación del etiquetado de alérgenos

Los anacardos se han añadido a la lista de alérgenos de declaración obligatoria, mientras que los pistachos pasan a figurar como alérgenos recomendados. Esto refleja una mayor concienciación sobre las alergias a los frutos secos y armoniza el sistema japonés con las prácticas internacionales de etiquetado de alérgenos.

Plazos de transición y aplicación

  • Los cambios relativos a los alérgenos deben aplicarse antes del 31 de marzo de 2028.
  • Los cambios más amplios en materia de ingredientes y de etiquetado colectivo deberán haberse adoptado en su totalidad antes del 31 de marzo de 2030. Estos plazos ofrecen a los fabricantes un margen de tiempo para el cumplimiento gradual, pero las medidas de control se endurecerán tras cada fecha. Las empresas que no actualicen sus envases se exponen a medidas por incumplimiento de la Ley de Etiquetado de Alimentos, entre las que se incluyen sanciones administrativas y daños a su reputación. 

Por qué importa

La reforma japonesa de 2026 marca un cambio en la filosofía normativa: claridad frente a complejidad, protección del consumidor frente a minucias técnicas y armonización global frente a fragmentación local. Para las empresas, el reto no consiste solo en actualizar las etiquetas, sino en replantearse cómo el cumplimiento normativo puede reforzar la credibilidad y el acceso al mercado. Para los consumidores, la ventaja es la confianza en lo que compran.

Aquí es donde entra en juego Freyr, ayudando a las empresas a considerar el cumplimiento normativo como algo más que un mero trámite burocrático. Al orientar la adaptación, armonizar las carteras globales y traducir la intención normativa en medidas prácticas, Freyr permite a las organizaciones convertir estos cambios en una ventaja competitiva.