La industria cosmética está experimentando un cambio radical a medida que se van implantando nuevas normativas sobre los PFAS (sustancias perfluoroalquílicas y polifluoroalquílicas) tanto en Estados Unidos como a nivel internacional. Estas «sustancias eternas», apreciadas durante mucho tiempo por sus propiedades suavizantes, de larga duración y resistentes al agua, son ahora objeto de un intenso escrutinio debido a las crecientes preocupaciones medioambientales y sanitarias. Los PFAS no se degradan de forma natural y se relacionan con efectos adversos para la salud humana, como el cáncer, las alteraciones hormonales y los efectos sobre el sistema inmunitario, factores que están impulsando a los responsables políticos a introducir prohibiciones de amplio alcance y requisitos de notificación.
Las normativas están transformando la formulación de los productos
A partir de 2026, varios estados, entre ellos Connecticut, Maine y Vermont, han comenzado a aplicar prohibiciones sobre los PFAS, obligaciones de etiquetado y requisitos de información dirigidos específicamente a los cosméticos. Estas leyes restringen o exigen el etiquetado de los productos de belleza que contienen PFAS, como bases de maquillaje, pintalabios, maquillaje para los ojos y fórmulas para el cuidado de la piel, entre otros. Como consecuencia, las marcas que antes recurrían a los PFAS para mejorar el rendimiento de sus productos deben ahora reformularlos para cumplir con la normativa.
Esta ola de reformulación no se limita a los productos de nicho, sino que también afecta a las categorías más populares, desde máscaras de pestañas resistentes al agua hasta pintalabios líquidos de larga duración. Las empresas están buscando ahora ingredientes alternativos que ofrezcan la misma durabilidad y acabado sin recurrir a los PFAS.
Mayor transparencia y responsabilidad en la cadena de suministro
La normativa también está obligando a las marcas a replantearse la transparencia de su cadena de suministro. Muchos estados exigen ahora a los fabricantes que informen sobre los PFAS añadidos intencionadamente y que revelen por qué se utilizaron estas sustancias químicas. Esta mayor supervisión está impulsando a las empresas de cosméticos a reforzar el seguimiento de los ingredientes, a colaborar estrechamente con los proveedores de materias primas y a adoptar protocolos de ensayo más rigurosos.
La presión del mercado y las expectativas de los consumidores
Más allá del mero cumplimiento normativo, la normativa sobre los PFAS está impulsando el movimiento de la «belleza limpia». A medida que entran en vigor los requisitos de etiquetado y las prohibiciones, los consumidores son cada vez más conscientes de la existencia de los PFAS y se muestran más selectivos a la hora de elegir los productos que compran. Las primeras medidas reguladoras ya han provocado cambios en todo el sector, y las marcas están reformulando sus productos antes de que venzan los plazos para proteger su reputación y mantener su acceso al mercado.
La conclusión
La normativa sobre los PFAS supone un punto de inflexión para el sector de la cosmética. Si bien su cumplimiento plantea retos a corto plazo, también abre la puerta a la innovación, a formulaciones más seguras y a una mayor confianza de los consumidores, lo que, en última instancia, consolida el futuro de una cosmética limpia y de alto rendimiento.
Las normativas pueden cambiar, ¡pero no tu cumplimiento normativo!
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